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LOS AUTOBUSES Y LAS VIEJAS
Yo siempre he viajado en autobús, y creo que así será durante mucho tiempo, porque no tengo ni carnet ni coche... El caso es que tras muchos años de viajar en este bonito a la par que llamativo medio de transporte, porque mira que ser rojo, es más, un "rojo puta" como bien dice un amigo mío, ¿no podrían ser de otro color?. Bueno, que más da.
A lo que iba. Tras años y años de observar pacientemente la vida en un autobús, me he dado cuenta de que los viajeros, yo me incluyo, tienden a sentarse de la manera mas alejada posible unos de otros. Fíjense. Al llegar picamos el billete, e instintivamente vamos a la caza y captura del sitio maravilloso. En mi caso suele ser en la penúltima fila al lado de la ventana, porque está justo detrás de una caja negra, que no sé lo que es, pero el caso es que está muy caliente, y en invierno es lo mejor.
Si por causalidad, bueno suele ser lo normal, no está libre este sitio busco el más alejado de cualquier ser humano, no es porque tenga algún tipo de prejuicio, es simplemente para que una señora no se ponga a hablar a mi lado. Porque esa es otra.
Yo llego con mis cascos y me siento, y miro por la ventana una y otra vez los mismos escaparates que veo todos los días a la misma hora, los cuales te los sabes de memoria y cuando cambian una falda es la novedad del viaje, excepto cuando de repente: ¡Zas!. Mujer que se pone a tu lado. Y claro ésta aprovecha cualquier oportunidad para contarte el frío o el calor que hace, o que mal está Madrid todo el día con obras, o menudo tráfico que hay, o que ella un día tardó no sé cuantas horas en llegar a casa, cuando no, te saca las fotos de sus nietos y lo grande que está ya el pequeño...a lo cual tú pones cara de circunstancia, y asientes, sonríes y dices sí de vez en cuando. El caso es que no te dejan oír la radio en paz. Pero de repente se callan. Tú esperas un par de minutos, confías que ya no tiene nada más que decirte y te vuelves a poner los cascos. Ella parece que espera este preciso momento para volver a decirte que se acuerda ella que un día...y tú sigues con tus cascos en la mano, y con tu cara de pez, hasta que una de las dos llega a su parada. Pero bueno al fin y al cabo, estas...denominémoslas viejecillas, las pobres no lo hacen con mala fe, lo hacen por que se aburren. Pero en cambio, las que sí que son malas son las denominadas: "viejas con mala leche".
Éstas son esas que aunque lleguen unos segundos antes que el autobús a la parada, se colocan raudas y veloces en la puerta, y en cuanto abre el conductor la puerta se meten. Y pobre del que intente evitar que sean las primeras en coger sitio. Porque éste pobre inocente será empujado, pisado e incluso apaleado por estas señoras, que, aunque parezcan indefensas, tienen una fuerza tremenda. Y la cosa no se queda aquí porque entrarán quejándose de la juventud y de los maleducados que somos y todas esas mentiras.
Pero perdónenme ustedes, yo les cedo mi asiento, les ayudo a subir a los autobuses, etc, pero todo de buenas maneras no a empujones.
Nayra Sánchez Reguilón
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