elBolígrafo - Magazine Literario Portada - Mándanos tus Artículos
  España - Internacional - Opinión - Sociedad - Cultura - Economía - Deportes - Informática - Relatos - Cuentos - Poesía  
  Literatura - Filosofía - Reflexiones - Ocio - Música - Teatro - Tauromaquia - Psicología - Relatos Eróticos - Varios  
 Suscripción
   
 Buscador de Artículos
 
Buscar en:
Palabra Clave:
 
 Útimos Artículos Publicados
   
 Promociónate
 

Si eres autor y deseas promocionarte o promocionar alguno de tus textos con elBolígrafo, este es tu enlace.

 
 Registro de Dominios
 

Todavía no tienes tu nombre de dominio en Internet... Regístralo antes de que alguien se te adelante.

 
 Hosting - Hospedaje de Dominios
 

Tienes una web y necesitas un espacio en Internet... En este enlace encontrarás el plan de hosting que más se adapte a tus necesidades.

 

    

  Recomienda este Artículo a un Conocido
  El Hombre, ese Tonto Dios Fallido
Marcos Winocur  
 

EL HOMBRE, ESE TONTO DIOS FALLIDO

Sigfrido, héroe de narraciones mitológicas, ha dado muerte al dragón. Feliz de su victoria y del amor de la bella Brunilda, lo encontramos en el bosque recibiendo sobre su cuerpo el chorro de sangre caliente que mana del dragón. Así, Sigfrido se tornará invulnerable y en adelante ningún arma podrá herirlo. Feliz, escucha el canto de las aves del bosque cuyo idioma ahora entiende, cuando de un árbol cae una hoja y se fija en un punto de su cuerpo que todavía no ha bañado la sangre del dragón. Sigfrido lo advierte, un movimiento le bastaría para quitarla, no lo hace.

¿Por qué? Tal vez el héroe se prefiere más hombre que dios y decide guardar la imperfección, ese punto vulnerable a la altura de uno de sus hombros. Comete así una suprema locura, y el azar de una hoja caída se convierte en destino.

¿O Sigfrido piensa que se trata de una señal de los dioses y no está en su mano borrarla? Como fuere, el don de la invulnerabilidad se le ha dado más no la completud y, entreabiertas las puertas de la muerte, no tardarán en ser franqueadas.

Y doble locura, Sigfrido confiesa su defecto a la amada Brunilda, quien, confundida por bajas intrigas, lo mandará a matar de un certero lanzazo en el hombro, suicidándose luego.

Ah, el hombre, ese tonto dios fallido...

Nota de pie de página. Otra versión sostiene que Sigfrido no advirtió la caída de la fatal hoja. Naturalmente, de ser cierta, daría por tierra con mis reflexiones existenciales. La vía directa para averiguar la verdad fue preguntar al propio héroe. Corrí pues a la Opera y en un entreacto interpelé al Sigfrido wagneriano. Y me contestó:

- Yo siempre lo supe.

Y murmurándome al oído:

- Te diré más, ninguna hoja me cayó, yo mismo la corté del árbol y la puse sobre mi hombro, soy un tramposo.

Marcos Winocur

 

Portada | España | Internacional | Opinión | Sociedad | Cultura | Economía | Deportes | Informática | Relatos | Cuentos | Poesía
Literatura | Filosofía | Reflexiones | Ocio y Viajes | Música | Teatro | Tauromaquia | Psicología | Relatos Eróticos | Varios

Aviso Legal | Promoción | Suscripción | Mándanos tus Artículos

Dirección en Internet: http://www.elboligrafo.com

© Copyright NeoDigit S.L. - Madrid (España)
Diseño NeoDigit - http://www.neodigit.es